Es Dios un populista?

diciembre 16, 2019

Para algunos el resultado de las elecciones del pasado viernes 13 fue un giro aterrador de comedia en tragedia; para otros una inesperada respuesta a las oraciones.

Una cosa es cierta. La política en estos días es revuelta, perturbadora, polarizadora, confusa e impredecible.

Gracias a Dios por algunas palabras de cordura para ayudar a calmar nuestros nervios, calmar nuestras emociones y despejar nuestras mentes durante estas vacaciones de Navidad, agrupadas en un volumen titulado: Es Dios un populista? -Cristianismo, populismo y el futuro de Europa (Is God a populist? – Christianity, populism and the future of Europe).

El Think Tank (Espacio de pensamiento) cristiano noruego Skaperkraft nos ha dado un libro oportuno con contribuciones de una serie de expertos de toda Europa; desde reconocidos nombres internacionales tales como Jürgen Moltmann de 93 años (Alemania) y Nick spencer (Gran Bretaña), hasta aquellos conocidos localmente en España, Suiza y Eslovaquia.

La última década ha visto un notable aumento en todo el continente en las referencias al cristianismo en la política europea, principalmente por políticos populistas. ¿Qué está sucediendo? ¿Cómo deberían responder los líderes cristianos? ¿Qué se esconde detrás del profundamente arraigado descontento que exige un cambio importante? ¿Qué ha llevado a una situación en la que un tercio de los treinta y tres gobiernos europeos ahora incluyen partidos populistas, respaldados por el 26.8 por ciento de los votos europeos en 2018?

El objetivo de este libro es entablar conversaciones entre los líderes cristianos, los encargados de formular políticas y los europeos en general, y estimular a los líderes cristianos a reflexionar sobre por qué las iglesias no satisfacen la necesidad que los populistas parecen estar llenando con sus charlas sobre la herencia cristiana de Europa.

A vuelo de pájaro

La primera sección ofrece una vista “a vuelo de pájaro” del concepto resbaladizo del populismo, que la editora Susan Kerr llama una «espada de doble filo»: Por un lado animando a la participación democrática, como en el movimiento de los derechos civiles de los Estados Unidos liderados por Martin Luther o por el otro, destruir la democracia como en Venezuela bajo el Presidente Maduro. Luke Bretherton cita los ejemplos positivos del primer movimiento laborista británico y el movimiento solidario en Polonia. Pero cuando el populismo afirma representar a todas las personas con los intereses de una parte y , por lo tanto excluyendo a otras, él agrega, se vuelve anticristiano.

El punto de Moltmann es que cuando los nacionalistas ponen primero el interés de su propio pueblo (“nosotros primero”), niegan la comunidad de la humanidad compartiendo una tierra común. Los cristianos deben confrontar el populismo con solidaridad universal, el dice, porque la iglesia es una anticipación universal del Reino de Dios y no puede nunca ser limitada a una región nacional.

Christel Ngnambi, quien representó a la Alianza Evangélica Europea en Bruselas por 12 años, sugiere que nos preguntemos porque los populistas han perdido su confianza y credibilidad en las instituciones democráticas. ¿Por qué una minoría creciente y considerable de europeos cuestiona la democracia representativa? El populismo está revelando un problemas al que es necesario prestarle atención, él escribe. Ya sea del ala derecha o del ala izquierda los populistas están de acuerdo con la importancia de las comunidades de fe para la cohesión social, señala Ngnambi. Algunos cristianos pueden sentirse atraídos a la narrativa populista en la que la herencia judeo-cristiana se presenta como el pegamento que puede solucionar el problema de la identidad inestable y una sensación general de pérdida. De todas formas, nos advierte Ngnambi, el cristianismo promovido por los populistas es esencialmente identitario, vaciado de fe y espiritualidad.

Otro evangelio

El avance de este otro evangelio debería causar alarma a los cristianos. El cristianismo se ha mencionado con mayor frecuencia en los debates públicos en los últimos años que en los debates sobre temas de fe. Los líderes cristianos deben buscar ofrecer significado, solidaridad y mentalidad cívica frente a la fragilidad de la sociedad , él continúa; y mostrar cómo vivir con diversidad, incluyendo a aquellos de otras etnias y religiones.

Ulrich Schmiedel describe como el populismo alemán usa al cristianismo como un marco para pertenecer, no creer, en una política de exclusión que sofoca a participación democrática. Joel Halldorf entiende al populismo sueco como un anhelo por conección, una reacción al secularismo de una sociedad que despoja a las personas de sus tradiciones, su horizonte espiritual y sus comunidades unidas. El cristianismo reducido a una ideología entrará en conflicto con los valores del fundador, concluye Halldorf. Donde el estado secular falla, las iglesias pueden ofrecer la comunión y el sentido de pertenencia que los movimientos populistas tanto anhelan.

Otros capítulos sobre Eslovaquia, España, Francia y Gran Bretaña (Me hubiese gustado ver una capítulo sobre Hungría, Polonia e Italia) revela la diversidad de movimientos resultante de diferentes trasfondos históricos. El capítulo de Spencer explica porque el Reino Unido no ha producido un fuerte partido populista cristiano, a pesar del efecto populismo en los debates del Brexit, concluye que la mejor respuesta al cristianismo populista es una inteligente y teológicamente alfabetizada presencia cristiana en el debate público.

En su capítulo final, la editora Susan Kerr y el director de investigación de Skaperkraft, Øyvind Håbrekke, admiten que el libro no proporciona todas las respuestas, sino que apunta a estimular las respuestas. Ellos esperan que los “hacedores de decisiones” sean conscientes de la importancia de abordar la religión en la esfera pública. Y que los líderes de la iglesia, al darse cuenta del porque este otro evangelio se está vendiendo, comenzarán a abordar las causas del descontento.

Porque, ellos creen, el futuro de Europa está en juego.



Hasta la próxima semana,

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