Mis disculpas a Ucrania

abril 17, 2016

A mis amigos ucranianos:

Con un sentimiento de tristeza y vergüenza quiero ofrecerles disculpas por la bofetada que recibieron de parte de una gran cantidad de votantes holandeses en el referéndum de la semana pasada. Así como lo muestra la foto en la parte superior, hace dos años ustedes salieron a las calles en búsqueda de un nuevo comienzo para su país. Tenían el derecho de esperar el apoyo de los europeos, con la esperanza de lograr la democracia, de ser libres del dominio del Kremlin y poner fin a la corrupción endémica.

Después de todo, el proyecto europeo se supone que comprende los valores de la libertad, la paz, la igualdad, la solidaridad y la dignidad humana. Estos son valores que los holandeses han abrazado desde su revuelta con la tiranía española en el siglo XVI. Todos ellos son valores arraigados en las Escrituras.

Creyentes de iglesias ortodoxas, católicas, protestantes y pentecostales, se reunieron en Maidán dos años atrás, mostrando una unidad sin precedentes, ofreciendo oraciones y apoyo práctico para las multitudes. Esa solidaridad continúa hasta el día de hoy, expresada en una delegación interreligiosa que visitó los Países Bajos el mes pasado para pedir apoyo. Estuvo integrada por el gran Rabino Dov Bleich, el Patriarca Filaret, el Arzobispo Sviatoslav Sjevtsjoek, Mufti Said Ismagov y varios obispos protestantes. También ex-disidentes, víctimas de la represión comunista y también líderes de la comunidad LGBT, todos se reunieron pidiendo el apoyo de los holandeses.

A pesar de esto, dos tercios de los ciudadanos votaron en contra de la ayuda de la UE para su país. Especialmente en el llamado cinturón de la Biblia, la zona con mayor tradición cristiana del país, donde hubo un gran número de votos ‘no’ a favor. ¿Por qué sucedió esto? ¿Por qué la gente holandesa, y los cristianos en particular, quieren negarle a ustedes, ucranianos, las libertades y los valores que ellos han disfrutado durante siglos? Me puedo imaginar la confusión y decepción que deben sentir.

Y para colmo, en la tragedia del MH17, muchos holandeses fueron víctimas del misil ruso BUK

Así que voy a tratar de explicar, si no es excusa.

Descontento

La mayoría de los holandeses no vieron el referéndum como si se tratara de usted y su país. Los mismos que iniciaron la consulta dijeron que no les importaba para nada Ucrania y simplemente querían destruir la UE. En los Países Bajos no estamos acostumbrados a referendos y este fue el primero de ese tipo. Si no se alcanzaba el umbral electoral del 30%, el referéndum quedaría inválido. Esto fue probablemente un error, debido a que muchos posibles votantes a favor se quedaron en casa pensando que ese porcentaje no se alcanzaría. Sólo aquellos que querían votar en contra se sintieron realmente motivados. Visto de esta manera, sólo uno de cada cinco de todos los votantes holandeses en realidad votaron en contra de su país.

Con la misma participación que en otros países europeos, tenemos un movimiento popular creciente que sirve como pararrayos para el descontento y que se nutre de un evangelio de miedo y verdades a medias. Por desgracia, muchos cristianos son susceptibles a estas historias: que Europa está siendo inundada de refugiados y migrantes musulmanes; que el terrorismo va en aumento en el continente; que la UE es mala…

Este espacio no permite dar respuestas más completas, pero si bien los eventos en París y Bruselas fueron impactantes, tendemos a tener una memoria corta y selectiva: un mayor número de personas murieron entre 1970-1986 a causa del terrorismo en Europa, que entre el 2000-2016, después del 9/11.

Un mayor número de refugiados llegaron a los Países Bajos (345,000) en los últimos diez años del siglo XX, que en los últimos cinco años (131,000). Lo mismo sucede en Alemania, donde según las estadísticas de la UE, alrededor de la mitad ¡son miembros activos de la iglesia! Tendríamos que ver 45,000 refugiados viniendo a Holanda cada año hasta el 2021 para alcanzar las cifras del 1996.

Indiferencia

Aquí radica uno de los mayores problemas que enfrentamos en la comunidad cristiana occidental, sobre todo en el mundo evangélico y pentecostal: no tenemos una tradición de pensar bíblicamente acerca de los asuntos no espirituales. A diferencia de la tradición católica y protestante, no hemos sido estimulados a aplicar un pensamiento bíblico a los problemas de nuestro tiempo. Por tanto, seguimos siendo muy susceptibles a teorías de conspiración, por ejemplo, que la Unión Europea es un complot de Roma. Esperamos que las cosas empeoren a causa de una particular forma de interpretar las profecías bíblicas, creemos que el “hágase su voluntad” no es la voluntad de Dios en Europa, de forma evidentemente contraria a la oración del Padre Nuestro.

Al igual que los populistas, sabemos a lo que estamos en contra pero no a lo que estamos a favor. ¿Qué clase de Europa creemos que Dios quiere? ¿A qué se parecería? ¿Cómo podemos influir a las instituciones de la UE a través de la oración y persuadiéndolos en esa dirección? ¿Cómo deben las naciones europeas relacionarse una a otra, en libertad, de manera pacífica, respeto mutuo y solidaridad? ¿Cómo podemos animar a nuestras naciones vecinas, como Ucrania, a superar su largo cautiverio comunista y crecer en los valores mencionados?

¿Cómo podemos superar nuestra propia ignorancia e indiferencia, ampliar nuestros horizontes y mirar más allá de nuestras burbujas locales, pensando más allá del corto plazo?

Una medida concreta es asistiendo al State of Europe Forum este año y 9 de mayo en Amsterdam.



Hasta la próxima semana,

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