Un legado duradero

octubre 19, 2016

Nacería hace 1700 años en Hungría, aunque dejó un legado sin igual en toda Europa. Cinco mil monumentos lo conmemoran en Italia, donde pasó gran parte de su infancia como hijo de un oficial del ejército romano. Catorce catedrales europeas llevan su nombre. Casi la cuarta parte de un millón de personas de habla francesa tiene su nombre como apellido. También dio su nombre a 225 municipios en Francia y unas 37.000 iglesias en todo el mundo. Se le considera el padre del monacato occidental, ya que fundó algunos de los primeros monasterios en occidente.

Aunque su nombre es derivado de Marte, el dios romano de la guerra, su nombre se ha convertido en sinónimo de misericordia y compasión a través de sus obras. Y está siempre ligado con la ciudad francesa de Tours, donde fue nombrado obispo por el mismo pueblo, en contra de su propia voluntad.

Martín de Tours continúa inspirando e influenciando a europeos contemporáneos a reflexionar y actuar sobre las enseñanzas de Jesús. La conmemoración de este año está atrayendo a peregrinos a la basílica donde está enterrado en la ciudad de Tours, como descubrí mientras viajaba en Francia la semana pasada.

Nacido alrededor del 316, muy poco después de la conversión del emperador Constantino, Martín quería servir a Dios desde la temprana edad de diez años, de acuerdo con su biógrafo, Sulpicio Severo (c. 363-c.425). Pero su padre no tenía simpatía por las aspiraciones espirituales de su hijo, así que Martín se vio obligado a tomar el juramento militar y entrar en el ejécito.

Leproso

Como joven soldado de 18 años de edad, Martín fue puesto en Amiens, en la Galia, al norte de París, cuando se encontró con un mendigo desnudo en las puertas de la ciudad. Severo escribe: ¿Qué hacer? No tenía nada, excepto el manto con el que estaba vestido pues ya había (regalado) el resto de sus prendas. Tomando entonces su espada, dividió su manto en dos partes iguales y le dio una al pobre hombre, cubriéndose entonces con la mitad que le quedaba. Tras esto, algunos de los presentes rieron porque ahora él se había quedado desaliñado y semidesnudo. Sin embargo, aquellos que tenían un sano entedimiento fueron conmovidos profundamente, ya que teniendo más posesiones que Martín, no se les ocurrió haber ayudado al pobre hombre sin afectarles en nada ni reduciéndolos a la desnudez.


Este evento se convertiría en leyenda después que la fama y el ministerio de Martín comenzaran a extenderse gracias a la pluma de Severo. Con el tiempo, la otrad mitad del manto se conservó como una reliquia “Capa de San Martín”en el oratorio de la línea de reyes francos conocido como la Casa de los Capetos, empezando por Hugo Capeto (c.940-996). El pequeño refugio construido para albergar la capa llegó a ser conocido como Capel o capilla. El sacerdote que llevaba la capa como una reliquia al campo de batalla para garantizar la bendición de San Martín a los soldados, fue llamado capellán.

Com joven soldado, Martín tuvo grandes dificultades para conciliar su fe cristiana con el servicio militar, así que un día le dijo a su jefe, en la víspera de una batalla contra los bárbaros cerca de Worms en Alemania, ‘yo soy el soldado de Cristo, no me es lícito luchar. Acusado de cobardía, Martín se ofreció voluntariamente al siguiente día a estar en la línea de batalla sin armas: “En el nombre del Señor Jesús, protegido por el signo de la cruz y no por escudo o casco, voy a penetrar con seguridad las filas del enemigo”.

Al amanecer del día siguiente, el enemigo se rindió antes de que comenzara la lucha y el reivindicado Martín fue dado de alta del servicio. Martín se dirigió a Poitiers en la Galia, para convertirse en un discípulo de San Hilario. A sus treinta y tantos años, Martín reunió a un número de monjes a su alrededor, formando el núcleo de una comunidad monástica de la que más tarde desarrolló la célebre abadía benedictina de Ligugé.

Curación

Los antecedentes militares de Martín le ayudaron a ver el potencial estratégico de dicha comunidad para apoyar cruzadas evangelísticas. Él mismo se dispuso a evangelizar a los habitantes paganos del centro y el oeste de la Galia. Muchas leyendas sobreviven sobre las hazañas del santo. Severo habla de milagros de sanidad a través del ministerio de Martín e incluso de la resurección de tres individuos. Uno de ellos testificó al biógrafo cómo después de salir de su cuerpo, un tribunal celestial le dijo que iba a volver a la vida terrenal debido a la intervención de oración de Martín.

A pesar de convertirse en obispo de Tours, continuó viviendo en una celda fuera de la ciudad mientras llevaba a cabo sus nuevas funciones con sencillez y fervor evangelístico. Nuevamente ahí se le unirían otros ermitaños y surgiría otra comunidad monástica que existe hasta el día de hoy: Marmoutier.


Martín murió alrededor del 397, en sus años ochentas, convirtiéndose en uno de los santos más venerados en la historia de Francia, desde el armisticio de 1918 que puso fin a la Primera Guerra Mundial, justo en el día de su fiesta, el 11 de noviembre, ha sido considerado como el santo patrón no oficial de esta nación poco creyente.



Hasta la próxima semana,

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