¿Por qué las cosas no son peores?

enero 15, 2016

Cada inicio de año es un buen momento para reflexionar en los motivos por el cual el mundo no va de mal en peor. Mientras enumeramos las tragedias y horrores del año pasado y lo que podría acontecer en este año en curso, quizás deberíamos preguntarnos el porqué las cosas no son peores.

Después de todo, si la Biblia enseña que todos somos pecadores ¿por qué las personas hacen cosas buenas? ¿Por qué queremos ayudarnos los unos a los otros; reír y llorar juntos y amar a nuestras familias o vivir de manera creativa?¿Por qué estamos horrorizados por las atrocidades de otros, del EI, por ejemplo? ¿Por qué deberíamos estar tan conmovidos con la foto de un niño refugiado tumbado en una playa?

¿Por qué las personas que no han oído o aceptado el evangelio, o incluso aquellos que lo han rechazado (o al menos el ‘iglesianismo’) contribuyen positivamente a la civilización humana: el descubrimiento de curas para enfermedades, generando medios para mejorar el nivel de vida y sacrificándose por sus hijos? ¿Por qué no la sociedad pecadora simplemente va en una espiral descendiente hacia la depravasión? ¿Por qué el Padre, en las palabras de Jesús “hace salir el sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos e injustos”? (Mt. 5:45)

La respuesta de Abraham Kuyper fue lo que él llamó “la gracia común”. Después de la devastadora inundación que casi acabó con la raza humana, Dios prometió a Noé que el pecado nunca llegaría a estar tan fuera de control como para destruir el mundo y la humanidad (al menos hasta que los propósitos divinos se cumplieran). El arcoiris es el recordatorio de esa promesa.

En otras palabras, Dios ha puesto límites a la influencia del pecado, a la muerte y a Satanás. Decidió sostener el cosmos y la vida humana en un estado intermedio, evitando la total destrucción y depravación hasta que se cumplan sus objetivos y promesas, donde “todas las naciones vendrán y te adorarán, oh Señor” (Salmo 86:9).

Inmerecido

Esta protección era “común”, ya que se extendió a todos: buenos y malos; ricos y pobres; creyentes y no creyentes. Era “gracia” porque era el divino favor inmerecido, otorgado soberanamente. La gracia común está estrechamente relacionada, pero en distinta forma, a la gracia salvadora, en la cual los individuos renacen espiritualmente. Ambas gracias apuntan a la restauración de todo el mundo hasta el día en que la gloria de la imagen divina sea revelada, según Kuyper.

La gracia común se puede ver en las siguientes formas:

-El cuidado de Dios en el sostenimiento de su creación, sostener el universo por la palabra de su poder: el ciclo de las estaciones, la fecundidad de la tierra con épocas de siembra y de cosecha;

-las instituciones de gobierno en varios niveles: tanto familiar como civil. Incluso los padres paganos saben que deben educar a sus hijos hasta alcanzar una edad adulta responsable, que mantenga el orden y la justicia y castigue a los malhechores. (Mateo 7:9-10). Pablo enseña que las autoridades civiles son establecidas por Dios y que incluso son llamados “ministros de Dios” (Rom. 13:1-6);

-A través de la conciencia, la ley escrita en nuestros corazones, algo de la imagen de Dios todavía discernible a pesar de nuestra condición caída (Rom. 2:14-15).

-A través de todo tipo de avances humanos, sean médicos, tecnológicos, científicos, en ingeniería; en el campo económico o social, ya sea por parte de los creyentes o no creyentes por igual, pero que mejoren la vida de las personas.

Los conceptos de revelación general (auto-revelación de Dios a todos a través de la creación y la conciencia) y revelación especial (a través de la Biblia y Jesucristo, la Palabra escrita y la Palabra viva) están íntimamente relacionados.

Transformación

El don de habilidades culturales dado por Dios a creyentes como a no (casi) creyentes, permite una cultura común donde los hombres colaboran en el mejoramiento social a través de las artes, las ciencias, la economía y la política. Este entendimiento de la gracia común sentó las bases para una teología y un razonamiento a los seguidores de Kuyper para que creyentes y no creyentes trabajen juntos hacia un mundo mejor.

La gracia especial brindó una comprensión de los propósitos últimos de esas habilidades y dones: la gloria de Dios y la restauración de su intención original para la raza humana. Las obras humanas jamás podrán obtener esa gracia especial. Pero podemos estar agradecidos por todos los esfuerzos humanos que han mejorado e incluso alargado nuestras vidas: helicópteros que nos llevan de prisa al hospital; la cooperación global hacia la protección del medio ambiente; los tribunales internacionales que traen criminales de guerra a juicio, y así sucesivamente.

Cristianos con perspectivas “pesimistas y fatalistas” del futuro, contando guerras, hambrunas, persecuciones y terremotos para ver qué tan cerca estamos del fin, tienden a olvidarse de la mano sustentadora de Dios en los asuntos humanos. Kuyper, de pie sobre los hombros de Calvino, ha encabezado el llamado a una participación activa de los cristianos en los asuntos culturales, sociales y políticos, hacia la transformación de la sociedad.

Lo cual no sustituye la necesidad de la gente a experimentar la gracia salvadora. Pero sí quiere decir que la próxima vez que veamos un arcoiris, debemos recordar que Dios no ha terminado con nosotros todavía



Hasta la próxima semana,

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