Una noticia aterradora

diciembre 23, 2015

Podemos intentar distorsionarla, ignorarla, escapar de ella o negarla, pero la Navidad no da señales de desaparecer, a pesar del auge del secularismo y el alto nivel de consumismo actual que se observa en la sociedad europea. Como una paradoja extraña, la conmemoración del nacimiento de un bebé judío, dos milenios atrás, en las periferias del Imperio Romano, sigue siendo ampliamente celebrada este mes en todo el continente.

Por un lado, este es el territorio más influenciado por la Biblia y la historia de Jesús, y por el otro, es donde más se ha rechazado este libro y su mensaje central. Sin embargo, desde Grecia hasta Islandia, y de Portugal a Rusia, los árboles de navidad, los pesebres y los cultos navideños, están agitando el espíritu decembrino de los europeos en todas partes, de creyentes y no creyentes por igual.

En las ciudades alemanas, el ambiente festivo de los Weihnachtsmarkt o Christkindlmarkt (mercado navideño) atrae multitudes de personas, locales y turistas, durante toda la temporada de Adviento. Incluso en Rusia, donde se celebra la Navidad el 06 de enero, de acuerdo con el calendario juliano, Vladimir Putin asistirá a la liturgia de le Celebración Navideña Ortodoxa.

En gran parte de los Países Bajos, fuertemente secularizados, en esta temporada navideña, las presentaciones de El Mesías, de Händel, siguen siendo imprescindibles, tanto en salas de concierto como en iglesias donde muchos escuchan la proclamación de Jesús como el Mesías.

Así, a pesar de que no se conozca de manera amplia el motivo de la navidad, ésta no ha dejado de desaparecer. Sorprendentemente, la memoria de este bebé, nacido por necesidad en un establo de Belén, esta presente en las mentes de niños y adultos a lo largo del continente, en nuestra música y arte; en nuestros rituales, liturgias y días festivos.

Pagano

Mientras que para los cristianos puede ser ofensivo que este hecho en la historia ha caído en la trivialidad y en la comercialización, para aquellos que quieren erradicar la memoria de la Navidad debe ser una experiencia anual muy frustrante.

Incluso aquellos que te desean “Happy Holidays” (Felices Fiestas), negándose a usar la palabra ‘Navidad’, no pueden escapar a su raíz etimológica, en el inglés antiguo es hāligdæg “día santo”.

Todo esto apunta a que la naturaleza parasitaria de la sociedad secular, no puede liberarse de sus orígenes cristianos. Como hemos dicho antes, muchos europeos hoy en día son como invasores que viven en una casa sin pagar renta.

Por supuesto, elementos cristianos y paganos siempre se han mezclado desde que la historia de Jesús se introdujo a los pueblos de Europa, muchos de los cuales ya celebraban cierto tipo de festividades a mediados del invierno. Los primeros misioneros intentaron ‘bautizar’ viejas costumbres para dar un nuevo significado cristiano: árboles de navidad, muérdago, pasteles navideños, adornos de acebo, trineos de Santa y renos; y la fecha 25 de diciembre que se deriva también de antiguas costumbres y mitos paganos.

Entonces ¿acaso son los cristianos los parásitos?

Bueno, no. Ninguno de los elementos anteriores pertenece a la historia central de la Navidad, la cual fue radicalmente cambiada cuando se introdujo. Arraigada en el Antiguo Testamento, la historia de Jesús nos muestra a Dios viniendo a habitar con los seres humanos como un niño, humilde y vulnerable. Este no fue un dios guerrero y héroe, como el que los celtas, las tribus germánicas o los vikingos esperarían. Este niño-Dios, revelaba la dignidad de la humanidad, y modelaba un estilo de vida de amor; de verdad y justicia; de perdón y de reconciliación; de poner la otra mejilla y caminar la milla extra; de alimentar al hambriento, dar ropa y dar refugio al que no tiene. Esa revelación moldeó profundamente sociedades y comunidades a lo largo de Europa.

Conciencia

Podemos estar preocupados por perder el enfoque de la Navidad, pero también podemos olvidar fácilmente la relación entre el primero y segundo día de Adviento. Dietrich Bonhoeffer insistió en que estos días eran un tiempo de autorreflexión, de preguntarse si nuestro corazón es capaz de convertirse en la morada de Dios.

Cuando el primer cristianismo habló de la segunda venida del Señor Jesucristo, siempre se pensó en primer lugar en un día de juicio”, escribió. Y así de anti-navideña que pueda parecer estar idea, viene del cristianismo del primer siglo y debe ser tomado seriamente.

Nos hemos acostumbrado tanto a la idea del amor divino y de su llegada en la navidad, que ya no sentimos el escalofrío y temor que debería provocar en nosotros su retorno. Somos indiferentes al mensaje, tomamos sólo lo parte agradable y dejamos fuera lo que importa, que el Dios del mundo se acerca a los hombres de nuestro pequeño planeta, y nos reclama suyos. La venida de Dios es verdaderamente no sólo buenas noticias, sino en primer lugar una noticia aterradora para todo el que tiene una conciencia”.

Toda nuestra vida es de Adviento, dijo Bonhoeffer. Es un tiempo donde se espera el final. Un tiempo donde habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, donde todos serán hermanos y hermanas, y hay regocijo en las palabras de los ángeles que dicen: “Paz sea en la tierra con aquellos donde descansa el favor de Dios”.



Hasta la próxima semana,

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